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miércoles, 19 de octubre de 2011

Dilema Houllebecquiano

  "El mundo no es un lugar bueno ni bien organizado"
"Uno cobra conciencia de sí mismo en su relación con el prójimo, y por eso la relación con el prójimo es insoportable". Michel Houellebecq. Plataforma



Tras mi paso por Albania, mi segundo viaje no ha podido ser más antagónico: una semana en un "Todo Incluido" en la República Dominicana. Desde un primer momento sabía a lo que iba. No había engaños. Y sinceramente tampoco me apetecía ponerme a pensar en nada más que no fueran 7 días de sol, playa, comida y bebidas gratis. Parafraseando a Elisabeth, después de un  "annus horribilis" me adjudiqué un merecido descanso. 
Cuando se llega a uno de esos paraísos caribeños 24/7, lo primero que ves inevitablemente es esa diferencia jerárquica que a su vez va unida al concepto de raza. Pondría la mano en el fuego al decir que el director del hotel en cuestión era blanco como mínimo, sino encima europeo o americano. Y si encima llegas a salir del "ghetto" paradisíaco te puedes encontrar con otra realidad bastante opuesta a las vacaciones idílicas que tenías programadas. Pero seré franca: en mi miniperiplo fuera del resort, observando diversos pueblos de paso a otro destino de ensueño, no vi pobreza como tal (ojo, que no niego que la hubiera) sino humildad, que son dos conceptos diferentes. Pues bien, uno de mis acompañantes se quedó muy impresionado con esa sencillez, humildad, o pobreza (llámalo X) y desde ese mismo instante le urgió la necesidad imperante de empezar a repartir propinas por doquier a cualquiera que se lo pidiera. En un momento dado tal era su afán altruista y santurrón que empezó a criticar la actitud pasiva del resto del grupo. Como me acabó tocando la moral, le contesté algo así como: "yo no necesito pagar por un lavado de conciencia express". Y es que yo lo veo así. Quizá mi postura sea excesivamente cómoda, egoísta, individualista o incluso imperialista. Pero... ¿realmente 10 dólares van a solucionar algo? No le quito mérito a la gente que hinca las rodillas sobre la tierra baldía, ayudando mano a mano a una población desnutrida presa de numerosas guerras civiles. Esa gente anónima que lo deja todo porque cree que verdaderamente puede poner su grano de arena para hacer de este mundo algo un poquito mejor. Pero personalmente no me gusta este sector de la sociedad de solidarios part-time, que sólo de vez en cuando, cuando está de moda, cuando lo nombran en las noticias, o cuando la realidad te explota en la cara es cuando mueven un dedo para luego proclamarse herederos de Ghandi. Me parece más congruente el aceptar que vivimos en una sociedad capitalista mal que nos pese, y que si no fuera así, probablemente gente de clase obrera occidental no podría permitirse un viaje T/I al Caribe. Esa es la realidad. Si tan injusta es la situación... ¿por qué nadie quiere pagar el doble de lo que cuesta el viaje para fomentar un comercio justo? 
Curiosamente mientras estaba en Punta Cana cayó en mis manos la última novela de Houllebecq, autor que admiro profundamente. Eso hizo que recordara que este escritor, adorado y denostado a partes iguales, escribió otra novela titulada Plataforma, cuyo argumento versa sobre, entre otras cosas, el turismo sexual en Tailandia, de la clase media alta occidental y su ansia por conocer lo virgen, lo inexplorado, sin darse cuenta de que ya no queda nada inexplorado. Trata sobre esa supremacía moral del hombre blanco sobre el resto de las civilizaciones y ese afán por "Macdonalizar" todo para mayor comodidad de los usuarios. Entonces me di cuenta de que me hallaba ante un dilema Houllebecquiano: ¿Debería de seguir con mi actitud pasiva y derrotista sobre la realidad que tenía ante mi o debería de ser parte de esa sociedad progresista, solidaria y altruista que compra de vez en cuando café en tiendas de comercio justo a la vez que camina con sus pantalones Diesel de 100 pavos lavados a la piedra a consta de diversas intoxicaciones orientales. Me temo que una vez más opté por lo primero. 

domingo, 16 de octubre de 2011

Lo grotesco





"La vida, no la muerte, es la gran aventura". Sherwood Anderson

De vuelta a mi realidad cotidiana, una de las primeras cosas que he hecho ha sido empezar a leerme unos relatos de Sherwood Anderson dentro del libro Winesburg, Ohio. A pesar de que el título de su obra más conocida me era familiar debido a que siempre se encuentra en esos rankings que los anglosajones aman tanto, listas tipo "100 mejores libros contemporáneos en lengua inglesa", nunca hasta ahora me había decidido a leer nada suyo. Y cuál ha sido mi sorpresa, que ya en el primer relato escrito a modo de prólogo, El libro de lo grotesco, me encuentro con un relato cuya lucidez me embriaga y me estremece a partes iguales. Una revelación que se me antoja evidente pero a la vez dolorosa, porque corrobora lo que hace muchísimo tiempo llevaba sospechando: vivimos en un mundo de muertos en vida. Anderson en este primer relato nos advierte de todo lo que vendrá después a medida que vayamos navegando por las páginas de su libro: seres totalmente desubicados, solitarios, alienados, dentro de una pequeña sociedad que les asfixia, que poco a poco ha ido matando todos los sueños y anhelos de la juventud, y que hace que se perpetúen en una existencia que no tiene ninguna razón de ser. Todos esos seres son descritos por un viejo escritor en el primer relato como grotescos. Son seres que han perdido esa llama incandescente que brillaba con fuerza en sus años juveniles, pero que por diversas circunstancias se ha ido apagando hasta consumirse sin dejar huella. Como consecuencia de esa juventud y rebeldía perdida, cada grotesco se forja su propia verdad absoluta para poder vivir acorde a ella hasta el fin de sus días, evitando de esa forma cuestionar su propia existencia.

"(...)It was the truths that made the people grotesques. The old man had quite an elaborate theory concerning the matter. It was his notion that the moment one of the people took one of the truths to himself, called it his truth, and tried to live his life by it, he became a grotesque and the truth he embraced became a falsehood.
You can see for yourself how the old man, who had spent all of his life writing and was filled with words, would write hundreds of pages concerning this matter. The subject would become so big in his mind that he himself would be in danger of becoming a grotesque. He didn't, I suppose, for the same reason that he never published the book. It was the young thing inside him that saved the old man".
 


No me ha hecho falta viajar hasta principios de siglo al Middle West americano, ni siquiera he necesitado irme a Albania para darme cuenta de que hoy, más que nunca, los grotescos deambulan por las calles de nuestras ciudades, de nuestros barrios, de nuestro trabajo e incluso los hay precoces: desde nuestras escuelas. Estos grotescos van predicando sus verdades absolutas e imponiendo los criterios adquiridos durante su viaje vital con la esperanza de anestesiar a mentes inquietas o inconformistas porque realmente les temen, porque significan el recordatorio de una vida que pudo ser pero no fue. 

viernes, 22 de julio de 2011

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?


Escuchando la maravillosa canción de Fred Astaire de repente me he visto transportada a otra época donde los hombres siempre vestían de chaqué y las mujeres se ruborizaban con un simple piropo. Un tiempo en donde la vida era una gran pista de baile con suelos inmaculados en la que dos bailarines se deslizaban sonrientes y radiantes sin importarles nada. Cualquier historiador medianamente crítico en seguida me rebatiría diciendo que estas películas estaban rodeadas de ese halo de magia e irrealidad precisamente para transportar a los espectadores de la época a un mundo alejado de la cruda realidad que estaban viviendo en ese momento. Y lo cierto es que esas películas y canciones conmigo cumplen su función. Y es que cuando la realidad cotidiana se te hace cada día más insoportable, y te sientes asfixiada dentro de una sociedad que no acabas de comprender, es necesario tener unos minutos de calma para poder evadirte y soñar despierta.
El otro día vi la última película de Woody Allen: Midnight in Paris. Lo cierto es que llevaba bastante tiempo queriéndola ver y el otro día pasaba por un cine donde la ponían y no se me ocurrió mejor cosa que hacer en ese momento que entrar. Y este tipo de decisiones espontáneas hace que tu día pueda cambiar radicalmente. Y en mi caso lo hizo. La película me pareció una verdadera maravilla. Un gran homenaje a esa "Lost generation" de los años 20, ambientada en un Paris de ensueño y llena de personajes célebres como Hemingway, Fitzgerald, Dalí, Gertrude Stein o Luis Buñuel. Y a medida que iba viendo la película me pareció tan sumamente bella la propuesta que nos hacía el director... y es que, ¿realmente cualquier tiempo pasado fue mejor? Desde el minuto uno te invade una enorme nostalgia, y yo en concreto me sentí plenamente identificada con el protagonista: tener la impresión de haber nacido en el momento erróneo. Tener la sensación de que en otra época hubiera disfrutado más. En el caso del protagonista eran los años 20... en mi caso... siempre he sentido debilidad por los años 60, pero no los de España (qué época tan gris, tan de NoDo, por dios) sino los del mayo del 68 parisino o los del Swinging London. Desde bien jovencita fantaseaba con el haber vivido Woodstock o irme a manifestar enfrente de la Sorbona. En gran medida siempre me he sentido desubicada respecto a mis contemporáneos. Pero el final de la película de Allen hace que miremos las cosas desde una perspectiva diferente: ¿acaso los jóvenes de los años 20 o de los años 60 no se sentían exactamente de la misma forma? Si hubieran podido, ¿no hubieran preferido trasladarse a otra época de mayor esplendor cultural y social? Entonces, tras esa conclusión, salí con una enorme sonrisa en mis labios pensando que lo que ahora mismo me parece desasosiego y tristeza en un futuro, aunque ahora me parezca inconcebible, será envidiado y anhelado. Los jóvenes del 2065 quizá querrán vivir en el 2011. Y es que cuando miramos atrás distorsionamos e idealizamos tanto la realidad (quizá como un mecanismo de defensa) que todos los malos recuerdos se disuelven en los ríos del tiempo. 

sábado, 16 de julio de 2011

Esperando ....

"Lo que tarda tanto en llegar es igual que si no hubiera llegado, peor incluso, porque el cumplimiento a destiempo de lo que tanto se deseó acaba teniendo un reverso de sarcasmo"  Antonio Muñoz Molina


Aunque no siempre funciona, quisiera creer que la fórmula experiencia vital + años = evolución en la mayor parte de los casos funciona, a veces me encuentro en situaciones (más de las que realmente me gustaría reconocer) en las que la formulita se va al traste. En los últimos meses he seguido y diseccionado detenidamente un tema que por cercanía me llama mucho la atención. Lo cierto es que se podría considerar prosaico y cotidiano, pero ¿acaso nuestra trayectoria vital no está formada de pequeñas anécdotas entrelazadas? Escuchando a una amiga hablar sobre sus estrategias sobre cómo conocer/conseguir al hipotético hombre de sus sueños me deja anonadada y entretenida a partes iguales. Mi amiga en cuestión pasa ya de los treinta,  y se puede decir que ya ha tenido una trayectoria lo suficientemente larga como para darse cuenta de que el cuento chino de los príncipes azules no es más que eso: un cuento chino. Sin embargo, cada vez que se cruza con un hombre del cuál por unos motivos u otros pudiera estar interesada a medio/largo plazo, en seguida se enfunda su traje de dama desvalida y con virtud intacta, a la espera de que ese caballero en cuestión, después de luchar con dragones y ogros, de ir y volver de las cruzadas y de paso de rescatar el Santo Grial sea merecedor de su virtud. Esta situación me divierte y me inquieta a partes iguales, y más si tenemos en cuenta de que estamos en el siglo XXI, y grandes mujeres del pasado siglo XX como Simon de Beauvoir, Doris Lessing o Germaine Greer ya hablaban de la libertad de elección de la mujer a la hora de poder expresarse libremente no sólo en el terreno intelectual, sino también en el terreno sexual. Leo a estas mujeres, sobre todo a Beauvoir y Lessing, que escriben en la primera mitad del s.XX y a la vez me doy de bruces con una situación muchísimo más conservadora en el 2011. Mi amiga le recomienda a su hermana: “por favor, cuando quedes con ese chico espera, no te lances a su cama. Hazme caso”. Y yo me pregunto: ¿esperar a qué? ¿Acaso todavía seguimos pensando que el único que debe disfrutar en la cama es el hombre? Si dos adultos consienten, se atraen y quieren acostarse juntos, ¿qué problema hay? ¿Es cierto que los hombres, a día de hoy, siguen “valorando” más a una mujer que “cuida” su flor, “se hace valer” como dirían nuestras abuelas? ¿O por el contrario es una idea conservadora que muchas mujeres siguen llevando arraigada como herencia familiar? En cualquier caso, a mi me parece (quizá la expresión resulte un tanto exagerada para algunos, pero es como lo siento) una especie de “ablación virtual”. Una mujer que actúa así en ningún momento está disfrutando de su propia sexualidad. No es consciente de que la mujer se lo puede pasar en la cama igual de bien que el hombre. 


El caso es que mi amiga sigue con su vestido de princesa virtuosa, y siempre hace que el príncipe de turno espere y espere, hasta que el príncipe de turno acaba visitando otra torre que no está tan fortificada y deja a mi amiga en la almena  ondeando su casto pañuelo. Y ante esta situación mi amiga siempre responde: no me merecía. 


jueves, 9 de junio de 2011

La bondad de los extraños

"Siempre he creído en la bondad de los extraños". Un tranvía llamado Deseo

A veces, no con mucha frecuencia hay que decir, todos los planetas se alinean de forma que surge una súbita muestra de bondad por parte de perfectos desconocidos de una forma totalmente altruista y desinteresada. A veces, un completo extraño te tiende la mano sin esperar nada a cambio. Su ofrecimiento no está sujeto a ninguna agenda oculta, a diferencia de tu primo, por ejemplo, que no para de ponerte excusas cada vez que le pides que te eche una mano con el ordenador, o de esa ex compañera de clase que se pone a silbar cada vez que le preguntas si habría alguna posibilidad de conseguir una entrevista en su empresa, porque en el fondo de alguna forma se siente amenazada por tu candidatura. Ambas situaciones tienen algo en común: debido a los vínculos, ya sean afectivos, sanguíneos o amistosos, se sienten obligados. Todos sin excepción nos hemos encontrado alguna vez a ambos lados del espejo. Incluso muchas veces una acción que a priori resultaría solidaria, esconde intereses ocultos, ya sea la propia redención de uno mismo o una limpieza de conciencia con resultados tan inmaculados que ni el mejor detergente podría conseguir. Por eso, cuando los astros se conjugan para que presenciemos un acto de bondad por parte de un perfecto extraño hay que mantener los ojos bien abiertos y disfrutar del momento, ya que nuestra sonrisa y fe en la humanidad se incrementará con creces. A veces parece que esos momentos tienen la frecuencia del cometa Haley. Pero tener el privilegio de ser partícipe y sentirnos Blanche Dubois por un día en un perfecto mundo de belle sureña donde no existe la maldad es impagable. 

sábado, 4 de junio de 2011

Epifanía postmoderna


"Hay hombres que luchan un dia y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. " Bertold Brecht

En un lugar de una plaza de cuyo nombre no quiero acordarme deambulaba un veterano activista, curtido en las artes de la dialéctica y la lucha de base. Más de veinte años a sus espaldas avalaban su experiencia en la lucha obrera. Ínclito personaje que se dejaba caer en todas las asambleas de barrio y centros sociales okupados. Su presencia era requerida en cualquier tertulia underground que se jactara de ser  exitosa. Una de sus tareas principales consistía en aleccionar a los nuevos cachorros del colectivo contra los males del capitalismo. No en vano él era una de las pocas personas del circuito que se había leído y había estudiado concienzuda y genuinamente (y no sólo lo simulaba, como muchos de sus compañeros y compañeras) todas y cada una de las obras de Engels y Marx, incluyendo su voluminoso El Capital. Como buen sofista dedicaba largas horas a preparar sus discursos y teorías. No en vano la forma en la que se transmitía sus enseñanzas debía de ser sumamente cuidada, ya que era primordial que estas ideas se quedaran plasmadas en las conciencias de los jóvenes militantes.
Pero eso eran otros tiempos. Ahora miraba atónito cómo la Plaza estaba llena de jóvenes entusiastas e idealistas, tal y como él mismo se consideraba a lo largo de toda su trayectoria vital. Observaba cómo estudiantes de apenas 20 años tenían una idea clara: estamos hartos de ser manipulados y queremos ser escuchados. No podía dar crédito a lo que estaba pasando. Él que desde su época universitaria siempre se había movilizado, organizando asambleas horizontales, okupando casas y creando centros sociales autogestionados junto con otros compañeros. Viviendo un desalojo tras otro y vuelta a empezar. Viendo pasar durante sus años de convivencia comunal a mil y un mangantes escondidos bajo una fachada reivindicativa. Recuperándose de cada decepción sufrida por parte de compañeros que se fueron alejando de la lucha por uno u otro motivo. ¿De qué le habían servido tantos años de estudio, de sufrimiento, de insumisión, de encontronazos con la policía? ¿Cómo era posible que unos mocosos, de un día para otro consiguieran lo que él llevaba anhelando durante más de veinte años? ¿Las redes sociales? ¿El contagio de las revoluciones en Egipto, Libia…? Una pandilla de niñatos declarados “apolíticos” que seguramente no sabrían ni quién era Marcuse, se decía así mismo en voz alta.
–Precisamente – le respondió sonriendo una joven mientras le entregaba una pancarta. 
El veterano activista, encogiéndose de hombros, cogió la pancarta que le tendió la joven y se unió al grupo. 

martes, 10 de mayo de 2011

Tú no lo puedes entender. No tienes hijos

Estaba tranquilamente conversando en mi trabajo sobre mi experiencia en el campamento irlandés cuando una de mis compañeras me pregunta: ¿no te impresionó el hecho de tener que trabajar con niños con enfermedades serias? A lo cuál le contesté: lo cierto es que a los cinco minutos me olvidé de que esos niños estaban enfermos. Al fin y al cabo de eso se trataba: de que se sintieran niños normales en un ambiente normal sin ningún tipo de discriminación ni favoritismo por el simple hecho de estar enfermos. Entonces ella me miró con cara de absoluto pavor y me dijo: Ah claro. Tú no lo puedes entender porque no tienes hijos. En ese momento si hubiera sido un dibujo animado hubiera echado humo por las orejas. Realmente estoy muy cansada de que se me tase por mi función ovarial, y más cuando aún cuando esa tasadora es una mujer como yo, que me mira con una superioridad increíble por el simple hecho de haber parido. ¿Pero qué es esto? Sinceramente no entiendo a estas mujeres que de un día para otro se despiertan creyéndose supermamás y les va la vida en ello. Es muy loable que realicen su función con dignidad y con todo el amor del mundo. Pero por favor, ¡que nos dejen a las demás en paz! Siempre tratándonos con condescendencia: ayss, es que claro, tú tienes tanto tiempo libre... como diciéndome que mi tiempo no tiene ningún valor para la humanidad, ya que en vez de emplearlo en criar a un futuro abogado o ministro he decidido irme al cine. Una amiga mía siempre se está quejando de la presión social que sufre al haber tomado la decisión de no tener hijos. Decisión por otra parte más que respetable, y responsable: ¿para qué traer al mundo a un niño cuando no te apetece tenerlo? En mi caso esa decisión no está tomada, pero pasados los 30 el reloj biológico (bueno, en realidad ese reloj biológico se llama presión familiar por parte de abuelas, tíos, padres, etc) cada vez suena más fuerte. Y es en estos días, cuando una siente la presión inevitable del tiempo y es sabedora de que tiene que tomar una decisión que le afectará inevitablemente el resto de su vida (Ok, quizá me haya quedado un tanto catastrofista, pero en gran medida es verdad) es cuando más desearía ser un hombre como Papuchi o Anthony Quinn, que hasta el último momento de sus vidas fueron grandes engendradores.

sábado, 30 de abril de 2011

Somewhere over the rainbow... la la la

"Somewhere over the rainbow way up high, there's a land that I heard of once of a lullaby"


No, no me he vuelto loca, pero un par de semanas más de terapia de choque y quizá si lo hubiera hecho. ¿Hubiera sido malo? Pues la verdad es que no lo sé. La eterna lucha entre escoger la pastillita de soma o resignarse a vivir en un mundo que es de todo menos perfecto. Traigo a colación esta versión azucarada de la canción de Judy Gardland porque es lo que he estado escuchando gran parte de mis días en el campamento. A mi llegada se nos recibió con una buena hoguera de campamento, con sus palos y sus marshmallows (esponjas de dulce) para quemar en el fuego. En un segundo me vi trasladada a cualquier peli americana de campamentos, desde Viernes 13 hasta American Pie. Y el caso es que no sé si por el atontamiento del humo de la hoguera, la musiquilla del ukelele, las caras sonrientes de los jóvenes WASP que me daban la bienvenida... el caso es que me gustó, lo reconozco. En un segundo me vi trasladada a hace más de 15 años, cuando todavía el cinismo no había crecido en mi; en definitiva, cuando era una joven inocente y naïf que pensaba que podía cambiar el mundo simplemente con el chasquido de mis pulgares y un par de canciones. Cantar a la luz de la hoguera y mirando un cielo estrellado alejado de cualquier contaminación lumínica, pasando a mis compañeros galletitas de chocolate y demás dulces, intercambiando pequeñas confidencias positivas y totalmente irrelevantes. Para mi al principio fue un verdadero shock cambiar de perspectiva, y más cuando una joven veinteañera americana se te acerca y empieza a charlar contigo sobre lo feliz que se siente trabajando en la gran cadena de cafeterías Starbucks. Y yo me tengo que morder la lengua, porque no le quiero fastidiar la noche ni un futuro feliz y brillante. Me tengo que morder la lengua para no decirle que "a su edad" (oh dios, sueno ya como mis progenitores) yo también trabajé en una cadena de cafeterías, y que dentro de su rollito biológico y pro ecológico no dejaban de ser otra multinacional. Porque eso es lo que es mayoritariamente el mundo hoy: carne de multinacionales globalizadas. Pero me mordí la lengua hasta sangrar y le mostré mi mejor sonrisa, e incluso la di algunos consejos para hacer el café más rico. Y todos seguimos cantando sin importarnos que allí fuera se estaban cargando a Bin Laden sin ningún tipo de juicio, o que una boda real a todo lujo iba a tener lugar en un país donde las tasas estudiantiles no paran de subir, convirtiendo la universidad definitivamente en un artículo de lujo. 

jueves, 28 de abril de 2011

Primeras impresiones "On my way to heaven"

"We are earthworms of the earth, and all that has gone through us is what will be our trace".  Seamus Heaney



Voy camino hacia la bella Irlanda para participar en un programa de voluntariado con niños enfermos, así que definitivamente van a ser unos días realmente intensos pero intuyo que a la vez interesantes. Podría resultar sorpresivo que una misántropa se involucrara en este tipo de proezas, pero hey, ¿quién dijo que la vida fuera simple? En fin, algunas pinceladas desde el aeropuerto de Amsterdam antes de llegar a la isla (el presupuesto no me daba para un vuelo directo):
  • Me doy de bruces con una biblioteca en el aeropuerto, donde nadie teme que le roben los libros y confían en la buena voluntad de la gente. Y lo mejor de todo: ¡gente leyendo alrededor!
  • Observo que sigue habiendo una zona de fumadores y a nadie parece importarle/molestarle (a mi a la que menos)
  • Hay una recreación de una sala de estar con juegos y chimenea virtual incluida (otra vuelta de tuerca al postmodernismo flamenco).
  •  Me he comprado un imán para la nevera con una casita del Red Light District. No lo he podido resistir, aunque es tan absurdo como si me hubiera comprado un imán de la esquina de la calle Montera. Lo gracioso es que luego los holandeses se quejan de ser famosos por su turismo sexual ¡Por favor! ¡Si hacen hasta imanes! Eso si, como me lo pillen en el campamento al que voy de voluntaria, en el cuál hay instrucciones explícitas de: 1. No llevar ropa "sexy" ni obscena (símbolos); 2. Siempre irán dos personas adultas acompañando a un niño al servicio (joder el daño que han hecho estos curas católicos y pederastas).
  • He visto a dos pilotos (hombre y mujer) negros. Es la primera vez que veo a dos en un aeropuerto europeo. Tengo la sensación de que la gente negra aqui está más integrada que en el Reino Unido ya que, a pesar de parecer a priori más numerosa, siempre acaban desempeñando el mismo tipo de trabajo, siendo trabajos relacionados con el servicio de la comunidad y para el gobierno local los mejor considerados. Ser piloto definitivamente creo que está fuera de esa esfera. Y me alegro muchísimo de que Holanda sea un país realmente conciliador y progresista y no sólo de "boquilla".
  • He alucinado cuando me han retenido al menos 10 min. en un control porque el guardia holandés de turno pensaba que mi DNI era falso. Es la primera vez que alguien duda sobre mi nacionalidad (más bien siempre ha parecido que la llevo escrita en la frente, a veces muy a mi pesar). Sus sospechas han sido zanjadas en el momento que he abierto la boca y le he dicho con mi acento español: I can asure you that I'm 100% Spanish. I've got other ID's such as my Driving License in case you need it... me ha dejado libre en menos de un segundo. De todas formas ya tenía la segunda línea preparada por si acaso: Anyway, I'm not really interested in smuggling as an illegal inmigrant in Ireland. I heard that apart from weather and food, the economic crisis has hit even worse than Spain, so...
  • Llego por fin al avión. Sólo echando un vistazo a mi alrededor me doy perfecta cuenta de que abandono tierras holandesas (hombres y mujeres altísimos, atléticos y guapísimos) para adentrarme en tierras irlandesas (mujeres y hombres más bien bajitos, regordetes y colorados). Eso si: muy sonrientes y amables. 
 Seguiré reportando....



viernes, 15 de abril de 2011

Conflicto generacional

Hoy, para mi asombro, me he topado con el siguiente texto del latino Terencio:
  
"¡Qué jueces más injustos son siempre los padres para la gente joven! Les parece razonable que seamos viejos desde que nacemos y que no compartamos los gustos propios de la juventud. Gobiernan según su capricho, su capricho actual, no el de antaño. Si yo llego algún día  a tener un hijo, éste hallará ciertamente en mí un padre comprensivo; podrá confesarme sus locuras y contar con mi indulgencia. No seré como mi padre, que se vale del ejemplo ajeno para darme sus lecciones de moral. ¡Pobre de mí! Cuando ha bebido algo  más de la cuenta, ¡qué hazañas me cuenta (de su pasado)! Y ahora me dice: “saca partido de la experiencia ajena para tu propio provecho”. ¡Listo! No sabe, desde luego, que ahora, para mí, está contando cuentos a un sordo."


  
La verdad es que poco que añadir  a este texto, con la excepción de que si desde hace más de 2000 años ya existían este tipo de problemas, ¿qué nos puede hacer creer que van a cambiar? Padres e hijos estamos condenados a no entendernos.Y  sin embargo, generación tras generación, adolescentes tras adolescentes, seguimos gritando a los cuatro vientos que nuestra generación es la incomprendida, la verdadera y la rebelde. Y juramos y perjuramos que no cometeremos los mismos errores que nuestros padres ¡Qué ilusos somos! Pero si no somos ilusos con 18 años... ¿cuándo si no?




jueves, 14 de abril de 2011

Conversaciones en el tocador de señoras o en la oficina (total, para el caso...)


Siguiendo con mi actitud pasota y anarcoide en el trabajo, nuevamente hoy he intentado desconectar de cualquier conversación (trivial o no trivial) a mi alrededor. Sin embargo, pese a mi pasiva actitud como interlocutora, no he podido evitar escuchar ciertas "perlitas". He aquí algunos ejemplos:
  • Escuchad todos: hemos decidido poner entre todos un bote para regalarle a modo de despedida tras 25 años de impecable servicio al Director Financiero (que sólo cobra un sueldo anual de cinco ceros + variable de un 20%) y a su excelentísima señora un fin de semana en un parador de lujo valorado en 400€. Yo para mis adentros. ¿estamos locos o qué?
  • ¿Todavía no le has puesto nombre a tu futuro hijo? - No sé, no me decido. Dudo entre Jaime, Matías Fernando, Gonzalo.. ahora están muy de moda Rodrigo y Pelayo. ¿Alguna sugerencia? - Si, ¿qué tal un nombre vasco, como Aitor o Ibai? - Uff, le horrorizaría a mi suegra - Pero, ¿tu familia no es vasca? - Si, pero mi suegra es de San Sebastián.
  • ¿Cómo será tu despedida de soltera? - Jaime y yo la celebraremos juntos, con nuestras familias y amigos, como Ana. - ¿Qué Ana? - ¡Pues Ana Aznar! ¿Quién si no?
  • ¿Te apetece tomar algo? ¿Postre? - No gracias, no como fruta. - ¿Nada? - No - ¿Pero tú no eras vegetariana? - Si, pero la fruta me da mucho asco, no lo puedo evitar. Es ver un racimo de uvas y ponerme mala.
  • Vienen unos delegados de Israel y apenas han preparado en el buffet comida sin cerdo - ¡Pues que se jodan, que están en Egpaña!
Tic tac, tic tac... esta misántropa recalcitrante tiene los días contados en este tocador... y no es un mero presentimiento.

martes, 12 de abril de 2011

There is an elephant in the room

Hay un elefante en la habitación. Esta expresión se utiliza comúnmente en el ámbito anglosajón para expresar que hay un tema latente, algo obvio que todo el mundo sabe, pero se evade, se intenta esquivar y no tratar ya que el hecho de discutir ese tema en concreto hace que la gente se sienta incómoda. 
Curiosamente el afamado graffitero británico Bansky intentó recrear de forma literal esta expresión inglesa pintando a un elefante y metiéndolo en una habitación. El tema principal de la exhibición era el de Pobreza a nivel Global, y el hecho de representar a ese "elephant in the room" de forma literal era una llamada de atención a un gran problema que está en todo el mundo, que forma parte de nuestro día a día, pero que la mayoría de nosotros elige ignorar. El hecho de pintar al elefante de la misma forma que el papel pintado indi-


 ca que en cierta forma preferimos que este tema se "diluya" en la pared en vez de enfrentarnos directamente a él (parece que la señora en el sofá ha elegido ciertamente ignorar al elefante y enfrascarse en una buena lectura, probablemente el último libro de Paulo Coelho o quién sabe, para rizar más el rizo: El viaje del elefante, de Saramago). Pero independientemente de la reivindicación y de la declaración de principios de Banksy, lo que realmente me ha divertido es lo que pasó tras esta exhibición: ¿Todo el mundo aceptó que debería de hablarse sin tabúes ni tapujos sobre la pobreza a nivel global e intentar buscar una solución? No, señoras y señores. Después de la exhibición de lo único que se hablaba era del derecho del elefante y si la pintura utilizada era tóxica o no para su piel. Sin lugar a dudas, el elefante esta vez estaba realmente visible. Tan visible que no dejaba ver el resto de la habitación.
Si te interesa Bansky y quieres ver más allá del elefante: http://www.banksy.co.uk/