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domingo, 24 de abril de 2011

Mis distopias favoritas

Según la Wikipedia, una distopia es "una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. El término fue acuñado como antónimo de utopía  y se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia (frecuentemente emplazada en el futuro cercano) donde las consecuencias de la manipulación y el adoctrinamiento masivo —generalmente a cargo de un Estado autoritario o totalitario— llevan al control absoluto, condicionamiento o exterminio de sus miembros bajo una fachada de benevolencia". Alucino cuando me entero a través de la wiki que en el RAE no está contemplada esta entrada, pero si está, por ejemplo, la palabra chorba. En cualquier caso, desde que era bien joven, siempre he sentido una especial atracción por esos mundos paralelos, esa otra posibilidad de futuro (siempre pesadillesco y pesimista) que en la mayoría de los casos se nos antojaba como algo plausible. Y resulta que gracias a las tecnologías de la información, una descubre años después que estos futuros alternativos forman parte de una especie de subgénero literario: la distopia. 
Sin lugar a dudas, el libro por excelencia de este subgénero es 1984, de George Orwell, y hoy más que nunca está vigente debido sobre todo a programas de televisión como Gran Hermano (el cuál debe su nombre a un personaje del libro: The Big Brother, el que todo lo ve. La intención de Orwell a la hora de escribir su obra maestra fue el hacer una crítica a los sistemas totalitarios que surgieron a raíz de la Segunda Guerra Mundial, en especial de la URSS, siendo la figura de Stalin muy similar al culto del lider que aparece en el libro. El trabajo del protagonista de la novela es el de reescribir la historia. Curiosamente esta práctica no estaba muy alejada de la realidad en la Unión Soviética (numerosas fotos truncadas y una feroz propaganda ensalzando los bienes del régimen). Orwell se sirvió de esta distopia para advertirnos sobre los peligros de un culto ciego a una ideología política. Desgraciadamente si bien no hay a simple vista un régimen totalitario que amenace nuestra sociedad actual (hablo de Europa occidental), si es cierto que la figura del Gran Hermano nos acecha reencarnada en incontables figuras: desde su sillón de estado proteccionista, "salvando" a la sociedad de los peligros del sexo, del tabaco, de las drogas, de la inmigración... o desde su sofá mercantilista, acechándonos en cada esquina estudiando nuestros hábitos de consumo y creando necesidades a nuestra medida para luego vendérnoslas a precio de saldo.
Otra obra de referencia dentro de las distopias es Un mundo feliz del también británico Aldous Huxley.  Escrito en 1931 (años antes de 1984), a diferencia de Orwell que temía a un futuro privado de información y realidad, Huxley en su distopia particular muestra su temor hacia una sociedad en la que el los avances tecnológicos y médicos y el exceso de información harían que sus habitantes se convirtieran en seres triviales cuya única preocupación sería la ingesta puntual de la droga de la felicidad: Soma. Si comparamos este mundo ficticio y "happy happy" de Huxley a nuestra sociedad actual, ¿no es curioso que no existan tantas diferencias entre esa supuesta droga creada en la imaginación de un señor en los años 30 y el Prozac que tanta relevancia está teniendo en nuestra sociedad del nuevo milenio? Nadie se lleva hoy en día las manos a la cabeza cuando alguien ofrece como cura de todos los males una pequeña pastillita, como si fuéramos Alicia en el Pais de las Maravillas. 
Farenheit 451 es un libro que desde la primera vez que cayó en mis manos (tendría unos 13 años) siempre he tenido en mente de una forma u otra a la hora tomar ciertas decisiones en mi vida. De hecho, este libro me ha influido hasta el punto de decantarme por una profesión muy relacionada con los libros. La metáfora no puede ser más clara: los libros, y pro extensión el conocimiento adquirido es peligroso, por lo tanto la mejor forma para controlar a una sociedad es destruyendo su fuente de aprendizaje. En el caso de la novela de Bradbury, los libros. Y en nuestra sociedad actual... ¿quizá el intentar acotar y limitar nuestro acceso libre a la información y a la cultura, es decir, Internet? En España con la Ley Sinde apunto de ser instaurada, la distopia de Bradbury no nos parece que sea precisamente ciencia ficción. 
Por último, me gustaría mencionar un libro bastante reciente, escrito por Kazuo Ishiguro (excelente autor de libros como Los restos del día) llamado Nunca me abandones. Sin querer desvelar en demasía el argumento del libro, ya que el factor sorpresa es importante a la hora de disfrutar de la novela indaga sobre las implicaciones éticas y sentimentales a la hora de querer mejorar y alargar nuestra vida. ¿Es todo legítimo mientras que el proceso sea transparente? ¿Hasta qué punto el hombre tiene derecho a usar todos los avances tecnológicos con tal de mejorar su calidad de vida? ¿Habría que plantearse un límite o es perfectamente lícito aspirar a una vida longeva si tenemos los medios adecuados? ¿Dónde reside el alma? A priori, para alguien que no haya leído esta magnifica novela, todas estas preguntas pueden resultar un tanto incoherentes. Razón de más para leer esta maravillosa distopia. 
Hay incontables distopias tanto en el cine, como en la literatura e incluso en la música. Partiendo de la premisa de que la distopia ha sido el vehículo perfecto para violar la censura no es de extrañar. Se podría considerar que realmente distopias han existido siempre, y siempre existirán, alertándonos de los peligros de un hipotético futuro como no cambiemos a tiempo nuestro rumbo. Por cierto, cada vez que escucho noticias sobre la central nuclear de Fukushima no puedo evitar acordarme de otra inquietante distopia: La Carretera, de Cormac Mccarthy. 

domingo, 17 de abril de 2011

Ilustres Misántropos

Como bien correspende a una misántropa en ciernes como yo, dentro del manual de la misantropía habría que destacar a ciertos personajes y héroes que han hecho de este horror hacia la humanidad todo un arte: 

      
  • Diógenes de Sinope, el cuál profesaba un odio y un desencanto tan profundo hacia la humanidad que inició una búsqueda exhaustiva de un "verdadero hombre" que fuera honesto, apartando a la multitud y llamándoles escombros.
  • Jonathan Swift ha sido considerado con frecuencia un misántropo, sobre todo debido a su escrito A Tale of a Tub (Cuento de una barrica en español) y el final de su aclamada obra Los Viajes de Gulliver, donde ya de regreso a su hogar y tras haber vivido numerosas aventuras, se da cuenta de que se siente más a gusto con sus caballos que con su familia o la sociedad en general, ya que estos seres son mucho más cabales, generosos y racionales que los humanos.¿Quién le puede culpar al pobre?
  • Arthur Schopenhauer. El filósofo alemán escribió una frase tan sugerente como "la existencia humana debe ser una especie de error". Con eso nos podemos hacer una idea.
  • Emily Dickinson. Aunque toda la vida personal de esta insigne escritora sigue siendo un misterio y no se sabe a ciencia cierta lo que le impulsó a vivir la mayor parte de su vida en su casa (¿agorafobia quizá?) lo cierto es que sus poemas muestran claras dosis de misantropía. Como muestra un botón.
  • Emil Cioran, con obras como Del inconveniente de haber nacido, El aciago demiurgo, El ocaso del pensamiento o La tentación de existir. Aunque no tengo del todo claro si era un pesimista recalcitrante o un verdadero misántropo. En cualquier caso, su obra y legado siempre son interesantes.
  • Marqués de Sade. Autor y pensador denostado por su radical forma de pensar y escribir, desde principios del s.XX su figura ha sido recuperada, llegando a ser considerado como el precursor del existencialismo, con un adelanto de 150 años. Su infortunio fue ser un visionario y adelantarse a su época. Algunas de sus frases célebres:  "Mi desgracia no es consecuencia de mi manera de pensar, sino de la de los demás"; "Ninguna religión vale una sola gota de sangre". 
  • Lord Byron, al cuál se le atribuye la frase "cuando más conozco a las personas más quiero a mi perro". 
  • J.D. Salinger, que pasó los últimos 40 años de su vida recluido en su casa de New Hampshire. Su representante afirmó que Salinger en cierta ocasión dijo "aunque esté en este mundo, no soy parte de él". 
  • J. G. Ballard, que siempre mostró su rechazo y expresó su preocupación ante un mundo cada vez más deshumanizado debido a catástrofes medioambientales y a la revolución tecnológica. El grupo galés Manic Street Preacher incluyó en su tema Mausoleum el siguiente oárrafo de Ballard: "I wanted to rub the human face in its own vomit/ and force ir to look in the mirror" (Quería restregar la cara humana en su propio vómito y forzarla a mirarse en el espejo). 
Otros ilustres misántropos de obligada mención son Quevedo, Bukowski, Oscar Wilde... y dentro de los contemporáneos mencionaría a Palahniuk y a Houellebecq. 



jueves, 7 de abril de 2011

Ignorance is bliss

Ignorance is bliss... o lo que viene a ser lo mismo: la ignorancia es una bendición.
Según van pasando los años y según voy envejeciendo, esta frase se va afianzando como una verdadera máxima, toda una filosofía vital, algo que no puede faltar en nuestro manual de supervivencia.
La ignorancia es una bendición en todos los ámbitos:


  •  Religioso: La fe no es otra cosa que una creencia ciega en algo intangible e inteligible. Algo que no se puede demostrar. En el maravilloso libro de Unamuno San Manuel Bueno, Mártir, se nos muestra a un cura que ha perdido su fe pero que, sin embargo, siendo consciente de su "desgracia personal", se aproxima a su congregación instándoles a que crean, a que tengan fe ciega en Dios y en la religión. "Dadle opio al pueblo, dejadles soñar".  ¿Acaso no hay mejor manera para amortiguar la caída que un buen calmante? ¿Qué mejor opción que elegir una fe ciega, una esperanza al fin y al cabo, un propósito en la tierra, sobre un sin sentido y una existencia caprichosa y contingente? Creyendo en un paraíso o infierno después de la muerte siempre será mejor que un futuro realmente incierto.
  • Laboral : ¿Cuántas veces hemos recibido el triple de trabajo por haber hecho alarde de nuestros conocimientos y efectividad? Si la respuesta es siempre, la cosa está clara: en el ámbito laboral no conviene hacerse notar en exceso, ya que pueden suceder dos cosas: tus superiores querrán maximizar tu talento y sabiduría cargándote con el doble de trabajo (y de paso, ahorrándose unos cuantos euros) o te intentarán anular a toda costa (no conviene que un subalterno sepa más que el jefe). Si alguien piensa que estoy equivocada, le invito a que me rete y me argumente su opinión debidamente.
  • Amoroso: Cuando comenzamos una relación, sobretodo en los primeros años (al menos yo), siempre planteamos la cuestión de la infidelidad como un todo o nada. Como "si me es infiel le dejo sin pensármelo dos veces". Pero según va pasando el tiempo vas relativizando la hipotética situación. Lo que en un principio era un punto inflexivo de no retorno va adquiriendo ciertos atenuantes (alcohol, distancia...) llegando a la conclusión de que quizá, al fin y al cabo, "ojos que no ven, corazón que no siente". Pero ojo, eso no quiero decir que comparta en absoluto una infidelidad reincidente. Pero quizá si sería capaz de perdonar una infidelidad puntual. Es más: casi preferiría que no me la confesaran. Total: ¿de qué serviría?
A todas estas ignorancias voluntarias se les podría añadir las familiares (mi hija es un bellezón, aunque la sociedad y la realidad me muestren lo contrario), la económica (me acabo de gastar 200 euros en un par de zapatos, ignorando el estado de mi cuenta bancaria) o incluso algunos optan por la ignorancia sanitaria (no voyal médico porque prefiero no saber lo que me pasa). Y como no: para ser feliz nada mejor que ignorar LA REALIDAD. :-)