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sábado, 30 de abril de 2011

Somewhere over the rainbow... la la la

"Somewhere over the rainbow way up high, there's a land that I heard of once of a lullaby"


No, no me he vuelto loca, pero un par de semanas más de terapia de choque y quizá si lo hubiera hecho. ¿Hubiera sido malo? Pues la verdad es que no lo sé. La eterna lucha entre escoger la pastillita de soma o resignarse a vivir en un mundo que es de todo menos perfecto. Traigo a colación esta versión azucarada de la canción de Judy Gardland porque es lo que he estado escuchando gran parte de mis días en el campamento. A mi llegada se nos recibió con una buena hoguera de campamento, con sus palos y sus marshmallows (esponjas de dulce) para quemar en el fuego. En un segundo me vi trasladada a cualquier peli americana de campamentos, desde Viernes 13 hasta American Pie. Y el caso es que no sé si por el atontamiento del humo de la hoguera, la musiquilla del ukelele, las caras sonrientes de los jóvenes WASP que me daban la bienvenida... el caso es que me gustó, lo reconozco. En un segundo me vi trasladada a hace más de 15 años, cuando todavía el cinismo no había crecido en mi; en definitiva, cuando era una joven inocente y naïf que pensaba que podía cambiar el mundo simplemente con el chasquido de mis pulgares y un par de canciones. Cantar a la luz de la hoguera y mirando un cielo estrellado alejado de cualquier contaminación lumínica, pasando a mis compañeros galletitas de chocolate y demás dulces, intercambiando pequeñas confidencias positivas y totalmente irrelevantes. Para mi al principio fue un verdadero shock cambiar de perspectiva, y más cuando una joven veinteañera americana se te acerca y empieza a charlar contigo sobre lo feliz que se siente trabajando en la gran cadena de cafeterías Starbucks. Y yo me tengo que morder la lengua, porque no le quiero fastidiar la noche ni un futuro feliz y brillante. Me tengo que morder la lengua para no decirle que "a su edad" (oh dios, sueno ya como mis progenitores) yo también trabajé en una cadena de cafeterías, y que dentro de su rollito biológico y pro ecológico no dejaban de ser otra multinacional. Porque eso es lo que es mayoritariamente el mundo hoy: carne de multinacionales globalizadas. Pero me mordí la lengua hasta sangrar y le mostré mi mejor sonrisa, e incluso la di algunos consejos para hacer el café más rico. Y todos seguimos cantando sin importarnos que allí fuera se estaban cargando a Bin Laden sin ningún tipo de juicio, o que una boda real a todo lujo iba a tener lugar en un país donde las tasas estudiantiles no paran de subir, convirtiendo la universidad definitivamente en un artículo de lujo. 

lunes, 25 de abril de 2011

Un buen chute de Soma y listos

One pill makes you larger. And one pill makes you small. And the ones that mother gives you don't do anything at all.


A raíz de mi último post sobre mis distopias favoritas, he decidido hablar de las diferentes "Somas" que han aparecido a lo largo de la historia tanto ficticias como reales. El soma es la droga que aparece en la novela Un mundo feliz, de Huxley, en la que los personajes que la consumen curan sus penas y evitan sentir tristeza. Si en el año 1932 la forma de píldora era novedosa (la gente del primer cuarto de siglo ya estaba totalmente familiarizada con opiáceos varios) en nuestra sociedad actual esa pildorita se ha convertido en nuestra más fiel compañera de viaje. En la cultura popular siempre se ha mostrado interés por esa píldora milagrosa que nos hace olvidarnos de todo con tan sólo ingerirla. Desde Alicia en el país de las maravillas hasta Matrix (donde uno de sus protagonistas se arrepiente de haber tomado la píldora de la realidad), pasando por esta peli infame llamada Sin límites que ha sido estrenada hace un par de semanas, el ser humano siempre ha mostrado un gran interés en solucionar sus problemas con una sola ingesta. Aparentemente la felicidad y la tristeza dependen de una serie de sustancias que segrega el cerebro. Con una simple toma de Prozac obtendremos ese pequeño empujoncito que necesitamos para enfrentarnos a nuestra rutina, a nuestro día a día. Si a esto le unimos otro pequeño empujoncito vitamínico para tener más energía nuestro día será completo y feliz. Por la noche, al llegar a casa, después de cenar, nada mejor que una pequeña ayudita para conciliar el sueño y no tener ningún sobresalto nocturno , ya que  tampoco viene mal.  ¿Que tenemos un día realmente triste porque se nos ha muerto algún ser querido, hemos sido despedidos o nuestra pareja nos ha dejado? Tranquilidad absoluta, que ya llegan los antidepresivos. Y así se nos van yendo los días, y los meses, y los años... en una perfecta  y legal nube indolora e incolora. Hasta que nos despertamos un día y nos damos cuenta de que efectivamente, las pildoritas han acabado con todas nuestras preocupaciones y problemas, excepto uno: ¿seremos capaces de sobrevivir sin ellas? Bah, es un pequeño precio a pagar con tal de alcanzar la felicidad plena. Al fin y al cabo el dinero no da la felicidad, pero puede que las pastillas si.